En 2007 se cumplió uno de mis grandes sueños de juventud: ponerme implantes mamarios. Era algo que anhelaba desde que estaba en la preparatoria. Me traumaba no poderme poner ciertas blusas con escote por lo “plana” que estaba. A tal grado, que me volví cliente frecuente de bras con relleno y push ups, e, incluso, llegué a comprar unas prótesis de silicón que se colocaban dentro del bra para dar más volumen. ¡A ese nivel mi trauma!

Eso me ocasionó muchos temas de inseguridad y problemas de autoestima, por lo que, cuando por fin logré convencer a mis papás, fui la más feliz e inmediatamente hice cita con un médico para agendar mi curugía.

En aquel momento acababa de terminar la universidad y recuerdo que era tanta mi emoción y éxtasis que jamás se me ocurrió preguntarle al doctor sobre riesgos de la cirugía ni “cuidados” del implante. Sólo recuerdo que en la última consulta me dijo que eran para siempre y que el riesgo que corría era que hubiera una contractura capsular, pero que no era lo más frecuente. ¿Qué era una cápsula? Ni idea, yo estaba segura que no lo iba a tener, así que ni pregunté.

Todo salió perfecto en la cirugía y salí el mismo día, claro, con unos dolores terribles. Recuerdo que mi mamá tuvo que bañarme durante 2 semanas más o menos. No podía levantar los brazos porque era un dolor insoportable. Mis “boobs” estaban como piedra, calientes y no podía ni rozarlas con mi brazo porque me molestaba.

A las tres semanas más o menos, me quitaron el bra post operatorio y pude empezar a lucir mis escotes deseados, aunque desde ese momento noté que había una ligera asimetría, pero no le di importancia.

En 2010, sorpresivamente, fui diagnosticada con cáncer en el cuello de la matriz. No podía creer lo que escuchaba, pues en mi familia no había antecedentes de cáncer, pero nuevamente, Dios, un ángel, mi abuelo o quien esté arriba cuidándome, me alertó a tiempo. El cáncer estaba encapsulado, se retiró y no requerí otro tipo de tratamiento. ¿Qué tiene qué ver eso con mis implantes? más adelante te lo explico.

En 2011 nació mi primer hijo, todo estuvo perfecto durante el embarazo, a excepción de los 25 kilos que subí y la hinchazón que tenía en piernas, pies y rostro, lo cual siempre creí que era normal y por la mala circulación que heredé de mi mamá. Pese a lo que pensé, pude lactar sin problema por 8 meses.

Aquí, de 30 semanas, aproximadamente, con mi hermana. Ella embarazo gemelar y yo, de un bebé.

En 2013 nació mi segunda hija y, misma historia, subí 27 kilos, mucha retención de líquido, pero sin complicaciones mayores ni durante la cesárea. La lactancia también transcurrió perfectamente, pero, cuando dejé de lactarla, me di cuenta que mis boobs se habían caído muchísimo y la asimetría que tenía desde la cirugía se había hecho súper evidente, por lo que en 2017 fui a visitar a otro cirujano plástico que me había recomendado mi papá para ver qué opción tenía para volver a levantarlas y ¡oh sorpresa! ahí fue la primera vez que supe que los implantes mamarios no eran para toda la vida, como se me había dicho.

Aquí, en mi segundo embarazo, con 7 meses. (Imagínate lo que subí todavía)

“La vida promedio de los implantes va entre 10 y 15 años máximo”, me dijo el médico, quien notó mi sorpresa y me aclaró que eran las nuevas indicaciones de la FDA. Hablamos de una pexia y un cambio de implantes, pero por razones del destino, que hoy agradezco, dejé pasar el tiempo y no programé esa cirugía y lo dejé en la caja de pendientes, si bien no me olvidé del tema, lo dejé a un lado.

Hace dos años, cuando me certifiqué como maestra de Meditación, me percaté que cuando me pedían inhalar profundo, no podía. Así, como lo lees y aunque suene extraño. Parecía que mi capacidad pulmonar tenía un tope, pero no le di importancia, pensé que era por los años que fumé.

Y este año, repentinamente comencé con dolores de cabeza, los cuales nunca en mi vida había tenido. Al principio eran aislados y yo los relacionaba con estrés, pero después fueron incrementando y por lo menos ya se presentaban una vez a la semana; sin embargo yo seguía pensando que era el estrés, la pandemia o cualquier otra razón.

En agosto, una tarde estaba bebiendo un café cuando comencé a sentirme mal, sentí un hormigueo en las manos y, conforme pasaron las horas, el hormigueo se pasó a las piernas y sentía una presión en el pecho fuerte hasta que terminé en el hospital. Después de hacerme revisión y análisis de minerales, todo salió bien y, aparentemente no había razón para mi malestar. Coincidió con que estaba tomando un tratamiento homeopático y herbolario, a lo que le atribuyeron mis síntomas.

Aunado a eso, llevaba muchos años en un sube y baja de peso que no entendía por qué, si mis hábitos desde que me detectaron cáncer habían cambiado. Mis hormonas salían bien, mi tiroides también y a mí me era imposible mantener un peso que yo quería.

A las dos semanas, me topo con un post de una chica que contaba que se había explantado (quitado implantes) y algo me movió, que comencé a investigar y de un video pasé a otro, de un estudio científico a otro y así durante varias noches. Como sabes, soy fiel creyente de las señales que nos pone la vida y, a los días, mis hijos me comentan que mi ex suegra se sometería a una cirugía de busto, por lo que le llamé y me contó que se quitaría los implantes porque los tenía rotos, lo que para mí fue un foco de alerta.

A los dos días, fui a hacerme un ultrasonido y ahí comencé mi peregrinar con médicos y una ardua investigación para hacer un reportaje para que más mujeres, como yo, que no saben nada de este tema, estuvieran informadas.

Tras visitar a tres médicos, llegué con el indicado, el Dr. Alfonso Vallarta, un excelente cirujano que me explicó que la Enfermedad de los Implantes Mamarios existe, aunque aún están en pañales las investigaciones. Y que los cuerpos extraños generan una reacción inflamatoria, por lo que la tendencia mundial es quitarlos del organismo cuando no hay una necesidad médica. Me explicó también que no iba a quedar “como abuelita”, como otro de los médicos me había dicho, porque me haría una reconstrucción, así que me puse en sus manos sin pensarlo y, el 9 de septiembre, me explanté.

La cirugía fue con anestesia general y cuando llegué a mi habitación, lo primero que hice conscientemente fue intentar respirar profundo, y, para mi sorpresa, ¡ya pude hacerlo! Ese fue el primer cambio y la primera señal que tuve de mi cuerpo de que algo había hecho muy bien. La segunda cosa que hice fue intentar mover los brazos (aunque el médico me había advertido que no debía hacerlo para evitar que se abrieran las heridas) y no podía creerlo, ¡no tenía nada de dolor! primero pensé que eran los efectos de la anestesia, pero incluso con el paso de los días, jamás tuve dolor o molestia. Sin duda, el cuerpo agradece el no tener algo ajeno dentro.

A las dos semanas, más o menos, me di cuenta que mágicamente había desaparecido la dermatitis atópica que supuestamente tenía en la cara y, desde entonces, no he tenido un solo dolor de cabeza. Además, me hice un estudio epigenético y mostró la presencia de hongo en mi cuerpo (lo cual se ha visto en muchos casos con mujeres con implantes).

¿Por qué te cuento todo esto? Porque yo soy afortunada de poder contarte y escribir estas líneas feliz, sin repercusiones ni daños mayores; porque yo llegué por mi decisión al quirófano, con una planeación y trabajo interior previo (porque esa es otra historia), pero hay muchas mujeres que no corren con la misma suerte que yo y llegan por urgencia o tienen consecuencias irreversibles en su salud.

Foto tomada del @isfmcmx


Por ello, hoy quiero explicarte un poco sobre el Breast Implant Illness o la Enfermedad de los Implantes Mamarios. Aunque no es una enfermedad en sí y carece de un diagnóstico médico específico, se refiere a un síndrome que conlleva una serie de síntomas sistémicos; es decir, en diferentes partes del cuerpo y órganos.

Este síndrome se ha reportado en diferentes mujeres del mundo a través de síntomas como:
* Dolor de cabeza
* Problemas de la piel (infecciones, dermatitis, inflamación)
* Niebla mental
* Ansiedad o depresión
* Problemas gastrointestinales
* Aparición de hongos y levadura
* Inflamación crónica
* Enfermedades autoinmunes
* Problemas para respirar
* Pérdida de líbido
* Desajustes hormonales
* Alteraciones en la función tiroidea

Foto tomada de la cuenta de @breast_implant_illness

A partir de que una gran cantidad de mujeres del mundo comenzó a reportar algunos o varios de esos síntomas y descubrir que su común denominador eran los implantes mamarios, en mayo de 2019 la FDA declaró que existe una relación entre estos dispositivos, especialmente con los texturizados, con el riesgo de desarrollar un tipo de cáncer llamado “linfoma anaplástico de células grandes” y, además, exige que los fabricantes de implantes adviertan el riesgo que pueden conllevar.

Aunado a ello, en 2001, el Journal of Rheumatology publicó una investigación realizada por la Oficina de Vigilancia y Biometría del Centro de Dispositivos y Salud Radiológica de la FDA en el que declaran que las mujeres con implantes mamarios de gel de silicona que habían presentado una ruptura eran significativamente más propensas a tener fibromialgia, polimiositis, tiroiditis de Hashimoto, fibrosis pulmonar, fascitis eosinofílica y polimialgia que otras en el estudio.

También, en 2001, el Instituto Nacional del Cáncer descubrió que las mujeres con implantes mamarios tenían casos significativamente elevados de cánceres de estómago, vulva, cerebro y leucemia.  Además, la FDA, como muchas organizaciones de salud, ha declarado que las mujeres con implantes mamarios de silicona tienen un mayor riesgo de desarrollar el raro linfoma anaplásico de células grandes, el cual, si se diagnostica lo suficientemente temprano, generalmente es tratable y no suele ser fatal. Sin embargo, hasta marzo de 2017, la FDA había recibido informes de nueve muertes como resultado de linfoma anaplásico de células grandes inducido por implantes mamarios.

Fuentes
* https://www.fda.gov/medical-devices/safety-communications/la-fda-toma-medidas-para-proteger-los-pacientes-contra-el-riesgo-de-determinados-implantes-mamarios
* https://www.fda.gov/medical-devices/breast-implants/aspectos-considerar-antes-de-realizarse-un-implante-mamario
* https://journals.lww.com/plasreconsurg/Abstract/2019/07000/Silicone_Implant_Illness__Science_versus_Myth_.22.aspx
* https://www.ncbi.nlm.nih.gov/pmc/articles/PMC7294749/

Foto tomada de @isfmcmx

Con esto no te quiero alarmar si tienes implantes, quiero invitarte a que te informes, a que te hagas una revisión, a que escuches tu cuerpo y sepas si has tenido alguno de los síntomas que antes te mencioné y aparentemente no hay causa o razón. Quiero que si estás pensando en implantarte, lo hagas informada, conociendo los riesgos y sabiendo que, tarde o temprano, tendrás que regresar al quirófano a cambiarlos o quitarlos.

Y si los tienes, los quieres tener o ya te explantaste, te invito al Curso de Explantación del Instituto de Salud Funcional Mente y Cuerpo en el que 7 especialistas hablaremos sobre el tema. Aprenderás cuáles son los riesgos, mitos y realidades, proceso de desintoxicación y pasos a seguir antes y después de una explantación.

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